En la antigua China llamaban ‘li’ al estudio de los diseños recurrentes que la naturaleza repite en los lugares más insospechados, y que a pesar de su aparente desconexión responden a mecanismos estructurantes similares.
(Carlo Frabetti)
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En la antigua China llamaban ‘li’ al estudio de los diseños recurrentes que la naturaleza repite en los lugares más insospechados, y que a pesar de su aparente desconexión responden a mecanismos estructurantes similares.
La demografía siempre se relaciona con algún tipo de problema. Históricamente, la mayoría de sociedades consideraban a la gente como la fuente del poder económico y político; para ellos, el "problema demográfico" solía consistir en no tener suficiente gente para trabajar el campo y luchar contra potenciales enemigos. En consecuencia, la mayoría de culturas eran pronatalistas, animaban a la gente a tener familias numerosas. Sin embargo, desde la aparición de la modernidad, dicha actitud pronatalista se ha visto socavada por una nueva visión del crecimiento demográfico como algo que debiéramos temer. En el siglo diecinueve, la filosofía antinatalista de Thomas Malthus inspiró un poderoso movimiento a favor de la contención del crecimiento demográfico.
La preocupación central del movimiento maltusiano no era el crecimiento de por sí, sino el miedo de que es la gente equivocada la que suele tener las tasas de fertilidad más altas. Al parecer, el problema era de diferencias en las tasas de fertilidad; a los maltusianos les concomía la ansiedad ante la idea de que las familias de la clase equivocada y el color equivocado pudieran arrollar a quienes provenían de la estirpe correcta. No es, entonces, sorprendente que tuvieran una actitud muy selectiva a la hora de plantear el control demográfico. Ante todo les preocupaba controlar el crecimiento demográfico de "la gente". En los albores del siglo veinte, la agenda maltusiana tenía eco entre las elites preocupadas por las tasas de natalidad de las clases bajas. El miedo a que dichas clases pudieran reproducirse hasta desbordar a las demás y llevar a la degeneración de "la raza" alentó una nueva perspectiva eugenésica. La eugenesia era considerada una ciencia que podía mejorar la especie humana favoreciendo a las razas superiores por encima de las menos indicadas.
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Population is almost always linked to a problem of one kind or another. Historically, most societies regarded people as the source of economic and political power – so for them, the ‘population problem’ was often not having enough people to work on the land and fight against potential enemies. Consequently, most cultures were pro-natalist; they encouraged people to have large families. Since the emergence of modernity, however, such pro-natalism has been undermined by a new view of population growth as something we should dread. In the nineteenth century, the anti-natalist philosophy of Thomas Malthus inspired a powerful movement for curbing population growth.
The central preoccupation of the Malthusian movement was not simply growth itself, but a fear that the wrong kind of people tend to have the highest fertility rates. The problem, apparently, was one of differential fertility rates; Malthusians were haunted by anxiety that families of the wrong class and the wrong colour might overwhelm those who came from the right stock. Not surprisingly, then, they had a very selective attitude towards population control. They were principally concerned with controlling the population growth of ‘other people’. At the dawn of the twentieth century, the Malthusian agenda resonated with elites who were concerned about the birth rate of the lower classes. The fear that these classes might outbreed others, and contribute to the degeneration of ‘the race’, fostered a new eugenic outlook. Eugenics was seen as a science that could improve the human stock by promoting superior races over ‘less suitable’ ones.
Sacado de un artículo de Frank Furedi.


Atkinson identifica el “urbanismo positivo” como una intervención en las áreas urbanas. Fue una respuesta a la percepción de enfermedades y patologías en las ciudades. Éstas incluían la infertilidad y también posibles movimientos de resistencia. Los planificadores y sociólogos intervinieron en la ciudad como lo harían sobre una entidad enferma. De hecho, el término italiano para “intervención” (intervento) es utilizado en el ambiente médico del país para significar una operación [al igual que ocurre en castellano]. Varios estudios muestran cómo otro término semi-médico, sventramento (“destripamiento”), fue utilizado para describir la destrucción a gran escala de barrios completos en las ciudades. Estas áreas eran a menudo representadas como “insalubres” y perjudiciales para la higiene. En algunos casos fueron destinadas a la destrucción debido a sus tendencias izquierdistas, como ha sido mostrado en el caso de la construcción de las avenidas que llevaban al monumento Vittoriano en Roma. En otro ejemplo, cerca del 80% del área en el centro de Milán fue reconstruida en las décadas de 1920 y 1930. Entre 1921 y 1931, aproximadamente 35.850 habitaciones en viviendas de bajo estándar fueron destruidas en el centro de la ciudad, reemplazadas por edificios de oficinas altos. Esto desplazó a las clases trabajadoras hacia la periferia: entre 1901 y 1931, el porcentaje de población trabajadora activa en el centro de la ciudad decayó desde cerca de un 39, 2% a alrededor de un 14, 25%.(del artículo "Hipocondria urbana en el fascismo italiano"; no es que termine de ajustarse a la realidad de Torrero aunque sí en la medida en que las excavadoras acaben con el centro social, como ha ocurrido otras veces)Aun cuando uno de los objetivos declarados de la intervención en el escenario urbano era la provisión de vivienda adecuada e higiénica, las voces provenientes del interior del fascismo eran a veces críticas. El urbanismo positivo no era visto siempre como una solución satisfactoria. En un artículo de 1938 publicado en Casabella-Costruzioni, por ejemplo, Pagano argumenta que aun cuando la buena vivienda era crucial para la buena salud moral y física, la demolición de ciertos barrios, en orden a construir otros mejores, era “muy optimista e incompleta, incluso si puede representar un compromiso práctico con la realidad inmediata”. Pagano creía que tales intervenciones a menudo perpetuaban injusticias y eran utilizadas para despejar suelo con el fin de levantar distritos de viviendas burguesas.
Barrow, John D., (1991) Teorías del Todo, Barcelona, Editorial Drakontos, Serie Crítica
"Wer Kitsch erzeugt ist nicht einer, der minderwertige Kunst erzeugt, er ist kein Nichts - oder Wenigkönner, er ist kurzerhand ein schlechter Mensch, er ist ein ethisch Verworfener, ein Verbrecher, der das radikal Böse will. Oder etwas weniger pathetisch gesagt: er ist ein Schwein". (Hermann Broch, 1950).
"Los creadores de kitsch no es que estén produciendo arte de baja calidad; no son unos inútiles poco más o menos; son, hablando claro, malas personas, degenerados éticos, unos criminales en busca del mal absoluto. O dicho con menos patetismo: son unos cerdos."