Adjunto adjunta otra portadita, la del libro que traduje en octubre-noviembre, que va a salir ahora o ha salido ya. Y no me mandan copia, no, a pesar de que traduzco para ellos libros en los que explican claramente que a los trabajadores -y similares- nos tienen que motivar con ese tipo de detalles o Bill Gates gana. Es un manual de autoayuda, pero no para emprendedores de empresas, sino para aspirantes a escritores. Me dice que tengo que sentarme varias horas al día -fijas- mirando ceñudamente la pantalla y vencer a mi Satanás interior que me sugiere ir a la cocina a hacerme algo de comer en vez de producir arte sublime. Y que no me preocupe, que todos somos neuróticos, inseguros y cosas aún peores.
domingo, 10 de mayo de 2009
Pájaro a pájaro, otra portada
Adjunto adjunta otra portadita, la del libro que traduje en octubre-noviembre, que va a salir ahora o ha salido ya. Y no me mandan copia, no, a pesar de que traduzco para ellos libros en los que explican claramente que a los trabajadores -y similares- nos tienen que motivar con ese tipo de detalles o Bill Gates gana. Es un manual de autoayuda, pero no para emprendedores de empresas, sino para aspirantes a escritores. Me dice que tengo que sentarme varias horas al día -fijas- mirando ceñudamente la pantalla y vencer a mi Satanás interior que me sugiere ir a la cocina a hacerme algo de comer en vez de producir arte sublime. Y que no me preocupe, que todos somos neuróticos, inseguros y cosas aún peores.
sábado, 28 de marzo de 2009
Sumisu, videoclip
Nuestros días eran oscuros; nuestras camisas, negras. Siempre estábamos en un rincón del patio de la escuela intercambiando miradas de profunda decepción. Y siempre que estábamos tristes -lo cual ocurría con bastante frecuencia- íbamos a tu casa y escuchábamos a los Smiths. Nuestras noches eran solitarias; nuestros corazones estaban llenos de pesar. No había nadie que pudiera ni quisiera comprendernos y así nos fuimos acercando. Y siempre que estábamos tristes -lo cual ocurría con bastante frecuencia- te tomaba entre mis brazos y escuchábamos a los Smiths.
A veces también The Cure o New Order pero sobre todo a los Smiths.
sábado, 4 de octubre de 2008
Dos portadas de libros
sábado, 31 de mayo de 2008
Glosario: Maltusianismo
La demografía siempre se relaciona con algún tipo de problema. Históricamente, la mayoría de sociedades consideraban a la gente como la fuente del poder económico y político; para ellos, el "problema demográfico" solía consistir en no tener suficiente gente para trabajar el campo y luchar contra potenciales enemigos. En consecuencia, la mayoría de culturas eran pronatalistas, animaban a la gente a tener familias numerosas. Sin embargo, desde la aparición de la modernidad, dicha actitud pronatalista se ha visto socavada por una nueva visión del crecimiento demográfico como algo que debiéramos temer. En el siglo diecinueve, la filosofía antinatalista de Thomas Malthus inspiró un poderoso movimiento a favor de la contención del crecimiento demográfico.
La preocupación central del movimiento maltusiano no era el crecimiento de por sí, sino el miedo de que es la gente equivocada la que suele tener las tasas de fertilidad más altas. Al parecer, el problema era de diferencias en las tasas de fertilidad; a los maltusianos les concomía la ansiedad ante la idea de que las familias de la clase equivocada y el color equivocado pudieran arrollar a quienes provenían de la estirpe correcta. No es, entonces, sorprendente que tuvieran una actitud muy selectiva a la hora de plantear el control demográfico. Ante todo les preocupaba controlar el crecimiento demográfico de "la gente". En los albores del siglo veinte, la agenda maltusiana tenía eco entre las elites preocupadas por las tasas de natalidad de las clases bajas. El miedo a que dichas clases pudieran reproducirse hasta desbordar a las demás y llevar a la degeneración de "la raza" alentó una nueva perspectiva eugenésica. La eugenesia era considerada una ciencia que podía mejorar la especie humana favoreciendo a las razas superiores por encima de las menos indicadas.
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Population is almost always linked to a problem of one kind or another. Historically, most societies regarded people as the source of economic and political power – so for them, the ‘population problem’ was often not having enough people to work on the land and fight against potential enemies. Consequently, most cultures were pro-natalist; they encouraged people to have large families. Since the emergence of modernity, however, such pro-natalism has been undermined by a new view of population growth as something we should dread. In the nineteenth century, the anti-natalist philosophy of Thomas Malthus inspired a powerful movement for curbing population growth.
The central preoccupation of the Malthusian movement was not simply growth itself, but a fear that the wrong kind of people tend to have the highest fertility rates. The problem, apparently, was one of differential fertility rates; Malthusians were haunted by anxiety that families of the wrong class and the wrong colour might overwhelm those who came from the right stock. Not surprisingly, then, they had a very selective attitude towards population control. They were principally concerned with controlling the population growth of ‘other people’. At the dawn of the twentieth century, the Malthusian agenda resonated with elites who were concerned about the birth rate of the lower classes. The fear that these classes might outbreed others, and contribute to the degeneration of ‘the race’, fostered a new eugenic outlook. Eugenics was seen as a science that could improve the human stock by promoting superior races over ‘less suitable’ ones.
Sacado de un artículo de Frank Furedi.
miércoles, 23 de mayo de 2007
Seeräuber-Ballade / Balada de los piratas

Ebrios de aguardiente y oscuridades; remojados en líquidos sin nombre; desgarrados por la noche blanca de escarcha; pálidos de otear en la vigía. Quemados por el sol, desnudos y enfermos, que ya lo hubieran querido en invierno. Del hambre, la fiebre y el hedor cantaban los que quedaban:
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
No había trigal mecido por la brisa que les retuviera, ni tascas con música ni bailes, ni mozas, ni absenta ni una timba. Antes de que estallara ya estaban hartos de la bronca, antes de medianoche de las mozas. Sólo amaban unas planchas podridas: su barco, que no tiene hogar.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
Con sus ratas, sus boquetes, con su peste, de la cabeza a los pies. Lo maldecían brutalmente jarra en mano y lo amaban tal y como era. Con sus cabellos se anudan a los palos en la tormenta y navegarían hasta el mismísimo cielo si allá pudieran ir los barcos.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
Asesinan fríamente y sin odio cuanto cae entre sus manos. Ahorcan y estrangulan tan tranquilos como quien anuda una maroma a la arboladura. Beben cazalla en los velatorios, a la noche se precipitan borrachos al mar y los que quedan ríen y saludan con el meñique.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
Llevan sus barrigas a los barcos ajenos a zampar como quien va a su casa. Las plantan en plácido olvido sobre mujeres que no conocen. Su vida es hermosa como la de los nobles brutos, en el viento suave, el azul embriagador. Y muchas veces siete toros montan a una mujer que no conocen, que robaron.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
Pero una noche de abril sin estrellas para ellos, de pronto, el mar, en silencio, se harta también de ellos. Aún sienten con cuánta piedad vela el viento con ellos por hoy. Entonces les toma el mar en brazos y los mata antes de medianoche.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
La última ola arroja hacia el cielo una vez más el barco maldito. Entonces, con la última claridad, pueden ver el arrecife y, finalmente, en el mástil más alto, ¿o fue porque la tormenta rugía tanto? Que parecía que mientras se precipitaban al infierno volvían a cantar, más alto que nunca.
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.
Ya sé que la traducción no es rimada y que no le hace justicia al original ni de lejos. Tampoco lo he intentado, se me da mal traducir poesía. En la universidad escribí un trabajillo comparando esta balada de Brecht con la canción del pirata de Espronceda; el otro día anduve pensando en ella. Es una canción preciosa que cuenta cosas terribles de personas libres. Cómo echo de menos ponerla a todo volumen, pero la tengo en embalada en vinilo, igual que ese trabajo andará por alguna parte. Cuenta las mismas barbaridades que Koestler al escribir sobre la revuelta de Espartaco: cómo se mezclan lo sublime y lo brutal cuando se desatan los hombres (aunque a Koestler le preocupa la cuestión del liderazgo y la organización revolucionaria, los medios y los fines. Pienso que Brecht trata simplemente de reconocer la belleza del mito del pirata como hombre libre pero sin darle ninguna otra concesión que el mero reconocimiento de esa belleza). Viendo una vez Apocalypse Now me dio una enorme punzada de nostalgia cuando el protagonista salta de la barcaza con sus botas sobre el barro, como cuando yo mismo iba en manada calzando botas de paracaidista. Ahora todo eso está perdido porque me hice mayor y me queda la contemplación contradictoria de la belleza de las fieras sin ser ya una de ellas. Tampoco fui nunca tan malote ni tan feroz, eh. Y ya sé que Jack London tenía razón y que los lobos que hace un momento marchaban juntos devorarán sin piedad al que caiga en el barro. London se suicidó después de que sus supuestos amigos le gorronearan hasta el fin en la casa de hospitalidad que construyó.
Vae victis!
Von Branntwein toll und Finsternissen
Von unerhörten Güssen naß
Vom Frost eisweißer Nacht zerrissen
Im Mastkorb, von Gesichtern blaß
Von Sonne nackt gebrannt und krank
Die hatten sie im Winter lieb
Aus Hunger, Fieber und Gestank
Sang alles, was noch übrigblieb
0h Himmel, strahlender Azur
Enormer Wind, die Segel bläh
Laßt Wind und Himmel fahren nur
Laßt uns um Sankt Marie die See
Kein Weizenfeld mit milden Winden
Selbst keine Schenke mit Musik
Kein Tanz mit Weibern und Absinthen
Kein Kartenspiel hielt sie zurück
Sie hatten vor dem Knall das Zanken
Vor Mitternacht die Weiber satt
Sie lieben nur verfaulte Planken
Ihr Schiff, das keine Heimat hat
0h Himmel, strahlender Azur...
Mit seinen Ratten, seinen Löchern
Mit seiner Pest, mit Haut und Haar
Sie fluchten wüst darauf beim Bechern
Und liebten es, so wie es war
Sie knoten sich mit ihren Haaren
Im Sturm in seinem Mastwerk fest
Sie würden nur zum Himmel fahren
Wenn man dort Schiffe fahren läßt
0h Himmel, strahlender Azur...
Sie morden kalt und ohne Hassen
Was ihnen in die Zähne springt
Sie würgen Gurgeln so gelassen
Wie man ein Tau ins Mastwerk schlingt
Sie trinken Sprit bei Leichenwachen
Nachts torkeln trunken sie in See
Und die, die übrigbleiben, lachen
Und winken mit der kleinen Zeh
0h Himmel, strahlender Azur...
Sie tragen ihren Bauch zum Fressen
Auf fremde Schiffe wie nach Haus
Und strecken selig im Vergessen
Ihn auf die fremden Frauen aus
Sie leben schön wie noble Tiere
Im weichen Wind, im trunknen Blau
Und oft besteigen sieben Stiere
Eine geraubte fremde Frau
0h Himmel, strahlender Azur...
Doch eines Abends im Aprile
Der keine Sterne für sie hat
Hat sie das Meer in aller Stille
Auf einmal plötzlich selber satt
Sie merken noch, wie voll Erbarmen
Der Wind mit ihnen heute wacht
Dann nimmt das Meer sie in die Arme
Und tötet sie vor Mitternacht
0h Himmel, strahlender Azur...
Noch einmal schmeißt die letzte Welle
Zum Himmel das verfluchte Schiff
Und da, in ihrer letzten Helle
Erkennen sie das große Riff
Und ganz zuletzt in höchsten Masten
War es, weil Sturm so gar laut schrie
Als ob sie, die zur Hölle rasten
Noch einmal sangen, laut wie nie
0h Himmel, strahlender Azur
Enormer Wind, die Segel bläh
Laßt Wind und Himmel fahren nur
Laßt uns um Sankt Marie die See
martes, 1 de mayo de 2007
es gibt keinen Neuschnee / no hay nieve virgen

Cuando estés ascendiendo y, respirando hondo, te pares a contemplar, qué tío estás hecho que puede alcanzar semejantes cumbres, tú, tú solito... descubrirás siempre huellas en la nieve. Siempre ha habido alguien antes que tú.
Puedes creer en dios. Desesperar de él. Renegar de toda filosofía. Hacer que un médico te diagnostique cáncer de estómago y saber: cuatro años más y se acabó. Cree en una mujer. Desespera de ella. Lleva una vida con dos mujeres. Zambúllete en la vida mundana. Retírate de ella...
Y serán todo sensaciones que habrá tenido ya alguien antes que tú; ya ha habido uno que ha creído igual, dudado igual, reído igual, llorado igual y que, pensativo, se ha metido el dedo en la nariz; igual igual. Siempre ha habido alguien antes.
Ya sé que eso no cambia nada. No deja de ser la primera vez que lo tú vives. Para ti lo que hay es nieve virgen. Pero no lo es y ese descubrimiento es más doloroso que otra cosa. Hubo un judío que vivía en Polonia que no tenía dinero para estudiar pero al que le ardían las matemáticas en el cerebro. Leyó cuanto pudo conseguir, un miserable puñadito de libros y estudió, pensó y pensó por su cuenta. Y un día inventó algo, lo descubrió, un sistema completamente nuevo y presintió: aquí he encontrado algo. Y cuando abandonó su pequeña ciudad para salir al mundo vio nuevos libros y aquello que había descubierto ya lo había: era el cálculo diferencial. Y entonces se murió. La gente dice: de tisis. Pero no murió por la tisis.
En soledad es cuando más curioso resulta. Es fácil pensar que la gente de la masa tiene unas vivencias estándar. Pero cuando se está tan solo como tú, cuando se medita, se asume así la muerte, se retrae uno e intenta de esa manera mirar al porvenir... podría pensarse que entonces se está en alturas jamás holladas por pie humano alguno. Y siempre hay huellas, siempre ha estado allí alguno y siempre ha habido alguno que ha escalado más alto de lo que tú hayas conseguido jamás, mucho más alto.
Pero eso no debe desanimarte. Escala, sube, sube. Pero no hay cima. Y no hay nieve virgen.
(Kurt Tucholsky, 1931. Traducido por segunda vez en Altafulla reponiéndome de un catarro malo en buena compañía. Noam Chomsky aparece conjurado por el Alquimista Loco)
lunes, 26 de marzo de 2007
seit ich weiss / desde que sé
he inventado el día de hoy y estoy muy contento de haberlo hecho. también estoy muy satisfecho con la invención de la música.



