martes, 3 de julio de 2007

Coin Locker Babies


Esta reseña ya tiene sus añitos: es de diciembre de 2002, cuando la novela acababa de salir al mercado. La he rescatado, sí. Así la releo y me avergüenzo un poco de mí mismo. Resulta que a estas alturas incluso se ha hecho una versión cinematográfica o se está haciendo. Está prevista para el año que viene. Habrá que verla, o qué. Dirige Michele Civetta, que no sé quién es.


la rebelión será fruto de la locura o no será. coin locker babies de ryu murakami es ni más ni menos que una novela de aventuras, bastante chula, por cierto, aunque el final me deja un poco así: pues vale. pero es que son cuatrocientas páginas. la edición en inglés se deja leer bastante bien, es un lenguaje sencillo y, lo dicho, muy narrativo.

¡una novela de aventuras! exceptuando las trepidantes entregas de los hollister, aquí en europa la dábamos por muerta y pensamos que las mayores aventuras son las aventuras de un ser vulgar. lo mejor que se ha escrito por aquí últimamente, si exceptuamos los ensayos de savater alias “el ortega y gasset del sXXI, el filósofo español que mejor explica el mundo mundial y la lacra terrorista desde su humanismo decadente, lameculos y subvencionado” son las partículas elementales y american psycho con sus despiadados protagonistas varones blancos triunfadores y profundamente desquiciados que son la metáfora de nuestra sociedad occidental triunfante y desquiciada. claro, donde hay patrón no manda marinero y, en realidad, europa está llena de desquiciados de a pie como yo mismo, carne de cañón de nuestra cultura conectados a internet. véase matrix. y, puestos a ver, el odio.

los chicos de la consigna son desquiciados de a pie y no son una metáfora de la sociedad que nos envuelve porque estamos hablando de una novela de aventuras. el logro de esta novela es que todo aquello que houllenbeq y compañía buscan en el hueco interior de sus protagonistas se convierte en un escenario lógico: la famosa jungla de hormigón, el concrete jungle. concrete, concrete, por todas partes.

grandes señales había (el día que tú naciste, vida mía) los chicos de la consigna están desquiciados porque les abandonaron en la consigna de la estación y fueron descubiertos para seguir viviendo como moisés en la barquilla o cualquier otro héroe predestinado a seguir su camino. grandes señales había y locos babosos nos trajeron la buena nueva mientras nos sorbían nuestro predestinado glande. queremos creer que estamos predestinados y nos tomaremos como señales divinas las palabras de una chiflada farfullante. interpretaciones místicas, supersticiones cotidianas que dan sentido al universo: pensar que el Destino nos manda señales es un rasgo de sicótico que compartimos muchos en un momento de debilidad y la radio nos manda canciones de amor a nosotros precisamente a nosotros porque la sicosis es comercialmente rentable. a todos nos hablan voces. la vida está plagada de acontecimientos cruciales para quien quiera encontrarle trascendencia a su persona en un mundo repletito de hombres y mujeres y cosas. la vida nos marca y el papel de los dioses trazando nuestro destino lo hacen profesionales de la manipulación de personas y mentes.

y, claro, qué es una aventura más que buscar nuestro destino. nuestro destino no está en los genes, nuestro destino no está en las estrellas. nos imprimieron nuestro destino al abandonarnos en la consigna, en el orfanato, en el manicomio, al cruzar por nuestra vida, con cada golpe y cada experiencia se traza nuestro destino. el héroe es aquel que se enfrenta a su destino. los personajes de la novela europea bucean en su propia subjetividad o les pasan chorradas. los chicos de la consigna comparten la búsqueda interior con el mundo de ahí fuera, el que les moldea pero que es para el autor paisaje y no búsqueda. así podemos contemplar los distintos paisajes de lo posible puesto que la búsqueda se realiza también en el espacio. el espacio es dos. por una parte los escenarios de moldeamiento de mentes basados en el esquema dentro-fuera público-secreto abierto-cerrado prohibido-permitido. desde las consignas pasamos a orfanatos, hospitales, casas, pueblos, la gran ciudad, el gueto, prisiones, islas y el mar nuestro subconsciente, el ataúd, hoteles-jaulas hasta que acabamos descubriendo que vivimos en cuarto grado, que no hemos salido de la cajita de metal con llave y no hemos aprado de golpearnos contra sus paredes. que somos todos huérfanos y desquiciados chicos de la consigna o espectadores muertos.

hay que mataros a todos.

lunes, 2 de julio de 2007

Gaudioso

Tuve un profesor de lengua de primero, G. G. R., que se complacía en sacar a la gente a la pizarra; solía elegir chavalas de esas que sabes que se van a poner nerviosísimas con sólo mirarlas y que no van a dar pie con bola, le gustaba ser incontestable y humillar a la gente. Joven okupa y fogoso, le contradije o maticé con mayor o menor acierto en un par de ocasiones. También tuve el poco talento de acudir a su clase puntualmente dos horas después de meterme en la cama, tras la apertura paralela. Claro, fui a clase con todo el borracherón y me reí bastante por lo bajini o no tanto.

El caso es que no aprobé su asignatura hasta tres años después, durante el primer examen que hice después de muerto el profesor. Me dijeron que murió de un infarto en clase y dudo que nadie hiciera nada por él. Sus médicos ya le habían recomendado después de un jamacuco que se dedicara a otra cosa, pero a su manera era una persona entregada y con vocación; posiblemente un buen lingüista de la vieja escuela, aunque no he leído nada suyo. Ojalá se hubiera dedicado a escribir artículos o al control de calidad en un taller de botijos, porque los botijos no son personas.

Recuerdo tener discusiones con compañeras de curso sobre su caso, entre el rencor y la piedad. También alguna simpatía. Debió hacer caso a los médicos.

Su desgracia fue que vivía en una zona de bares y, claro, su dirección pasaba entre los alumnos de generación en generación y todo el que pasaba, fuera la hora que fuera, le llamaba al timbre y le atormentaba. El siguiente curso de imberbes y jovencitas se encontraba con el odio acumulado de ese señor por la juventud y así se alimentó el ciclo hasta que reventó su corazón.

Paleoantropología, arqueología y el valle del Alhama


Hace un par de meses tuve el acierto de comprarme el ensayo de Juan Luis Arsuaga El collar del neandertal. en busca de los primeros pensadores. Arsuaga es el jefe del proyecto Atapuerca, que es un yacimiento donde han encontrado fósiles humanos a patadas. El hombre es un fan de los neandertales y se empeña en demostrarnos que eran tan inteligentes al menos como los sapiens de la época, traza el árbol genealógico de las especies humanas, explica detalladamente las principales hipótesis y yo diría que de manera muy leal, si no objetiva. El libro es una maravilla, divulgación muy bien hecha que enlaza paleontología, antropología, sociología, estudio del clima, la fauna, la vegetación... muy ameno, muy recomendable, me hizo sentir mentalmente muy vivo e ilusionado. Parece que ese hombre sea algo mío, pero no lo es.

También estuve hace poco visitando en buena compañía los restos excavados de Contrebia Leukade, al lado de Aguilar. Un sitio magnífico a donde iban los lugareños a hacerse sus calderetes hasta que aquello resultó ser una ciudad excavada en la roca más grande que Numancia. De hecho, protegía Numancia y aquellas tierras de los malvados romanos acantonados en Graccurris-Alfaro. La ciudad tiene de 2.500 años para arriba y a los arqueólogos debió de dolerle lo de los calderetes y supongo que se vengaron planificando el centro de interpretación. Las excavaciones sólo funcionan en verano, así que serán los becarios los que se suban a esos andamios tan majos que se ven en la foto. Del centro de interpretación rescataría muy mucho la planta calle y sobre el resto correría un manto de olvido... digamos que intenta, de forma muy bien intencionada, expandir nuestras mentes. Me compré un libraco enorme que sacó la diputación de Soria sobre los celtas y los íberos y los celtíberos, sea ello lo que fuere. Cuanto más estudio y viajo más pienso que la prehistoria desemboca en la historia y que al final la humanidad es un patio de vecinos. Pero cómo me gusta ir componiéndome mi propio mapa mental del mundo.

Es bien sabido que los hombres, al contrario de las mujeres, que tienen una perspectiva espacial amplia, sólo pueden ver lo que tienen delante de las narices. Esto se debe a la evolución evolutiva, puesto que para atinarle una pedrada en el entrecejo a un mamú, lo más práctico es tenerlo delante para poder apuntar.

Según parece, el desarrollo de esta técnica (la visión fija) determinó que las hembras humanas, de visión dispersa, abandonaran las tareas cinegéticas en beneficio de otras que requieren visión dispersa, como la recolección. No obstante, existe una teoría crítica según la cual las mujeres carecen también de amplitud de miras y tan sólo saben en qué estantería está colocada cada cosa gracias a la llamada intuición femenina, que es un sexto sentido que se suma a los cinco sentidos tradicionales y parece residir en la grasa de las caderas, mucho más escasa en el hombre.

Obviamente, primero fue la invención de la pedrada, que se atribuye al homo habilis, y después la limitación de la perspectiva espacial. Ambos adelantos evolutivos estuvieron a punto de extinguir a los mamuses si no fuera porque el Gran Mamús en el cielo les dio una ventaja evolutiva para neutralizar el ataque de los cazadores humanos: cuando avistaba un cazador, el mamú aprendió a dar un paso a un lado, desapareciendo así del campo de visión del cazador. Así es como el mamú sobrevivió a la penúltima glaciación.

No obstante, en cumplimiento de los ciclos de la espada y el escudo, que consisten en que la aparición de un método de ataque se verá acompañada por un método de defensa perfeccionado de la otra parte y así hasta el infininito, los humanos acabaron desarrollando un nuevo sistema de caza que implicó la desaparición final de los mamuses: ir a cazar en parejas. Así, cuando el mamú se hacía a un lado, quedaba en el punto de mira del segundo cazador, el cual le acertaba la pedrada en el entrecejo. Os preguntaréis cómo se las arreglaron los hombres para saber en qué lado se escondía el mamú cuando desaparecía de la vista de los cazadores: de ello se encargó la Selección Natural: aquellas parejas en las que el segundo cazador se colocaba en el lado al que se desplazaba el mamú subsistieron, mientras que los clanes en los que el segundo cazador iba al otro lado perecieron por hambre. De hecho, yo diría que actualmente esta es la hipótesis más comúnmente aceptada para explicar la extinción de los neandertales y la pervivencia de los sapiens.

Y así es como concluyó ese ciclo espada-escudo, puesto que los mamuses se extinguieron y no tuvieron tiempo de desarrollar ningún sistema defensivo que neutralizara esta última hazaña de la humanidad. Con lo cual puede decirse que la última táctica ofensiva fosilizó y pasó a convertirse en una rémora sin sentido. Un vestigio de aquel arcaico avance evolutivo, actualmente inútil, son las parejas de la guardia civil.

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