lunes, 2 de julio de 2007

Paleoantropología, arqueología y el valle del Alhama


Hace un par de meses tuve el acierto de comprarme el ensayo de Juan Luis Arsuaga El collar del neandertal. en busca de los primeros pensadores. Arsuaga es el jefe del proyecto Atapuerca, que es un yacimiento donde han encontrado fósiles humanos a patadas. El hombre es un fan de los neandertales y se empeña en demostrarnos que eran tan inteligentes al menos como los sapiens de la época, traza el árbol genealógico de las especies humanas, explica detalladamente las principales hipótesis y yo diría que de manera muy leal, si no objetiva. El libro es una maravilla, divulgación muy bien hecha que enlaza paleontología, antropología, sociología, estudio del clima, la fauna, la vegetación... muy ameno, muy recomendable, me hizo sentir mentalmente muy vivo e ilusionado. Parece que ese hombre sea algo mío, pero no lo es.

También estuve hace poco visitando en buena compañía los restos excavados de Contrebia Leukade, al lado de Aguilar. Un sitio magnífico a donde iban los lugareños a hacerse sus calderetes hasta que aquello resultó ser una ciudad excavada en la roca más grande que Numancia. De hecho, protegía Numancia y aquellas tierras de los malvados romanos acantonados en Graccurris-Alfaro. La ciudad tiene de 2.500 años para arriba y a los arqueólogos debió de dolerle lo de los calderetes y supongo que se vengaron planificando el centro de interpretación. Las excavaciones sólo funcionan en verano, así que serán los becarios los que se suban a esos andamios tan majos que se ven en la foto. Del centro de interpretación rescataría muy mucho la planta calle y sobre el resto correría un manto de olvido... digamos que intenta, de forma muy bien intencionada, expandir nuestras mentes. Me compré un libraco enorme que sacó la diputación de Soria sobre los celtas y los íberos y los celtíberos, sea ello lo que fuere. Cuanto más estudio y viajo más pienso que la prehistoria desemboca en la historia y que al final la humanidad es un patio de vecinos. Pero cómo me gusta ir componiéndome mi propio mapa mental del mundo.

Es bien sabido que los hombres, al contrario de las mujeres, que tienen una perspectiva espacial amplia, sólo pueden ver lo que tienen delante de las narices. Esto se debe a la evolución evolutiva, puesto que para atinarle una pedrada en el entrecejo a un mamú, lo más práctico es tenerlo delante para poder apuntar.

Según parece, el desarrollo de esta técnica (la visión fija) determinó que las hembras humanas, de visión dispersa, abandonaran las tareas cinegéticas en beneficio de otras que requieren visión dispersa, como la recolección. No obstante, existe una teoría crítica según la cual las mujeres carecen también de amplitud de miras y tan sólo saben en qué estantería está colocada cada cosa gracias a la llamada intuición femenina, que es un sexto sentido que se suma a los cinco sentidos tradicionales y parece residir en la grasa de las caderas, mucho más escasa en el hombre.

Obviamente, primero fue la invención de la pedrada, que se atribuye al homo habilis, y después la limitación de la perspectiva espacial. Ambos adelantos evolutivos estuvieron a punto de extinguir a los mamuses si no fuera porque el Gran Mamús en el cielo les dio una ventaja evolutiva para neutralizar el ataque de los cazadores humanos: cuando avistaba un cazador, el mamú aprendió a dar un paso a un lado, desapareciendo así del campo de visión del cazador. Así es como el mamú sobrevivió a la penúltima glaciación.

No obstante, en cumplimiento de los ciclos de la espada y el escudo, que consisten en que la aparición de un método de ataque se verá acompañada por un método de defensa perfeccionado de la otra parte y así hasta el infininito, los humanos acabaron desarrollando un nuevo sistema de caza que implicó la desaparición final de los mamuses: ir a cazar en parejas. Así, cuando el mamú se hacía a un lado, quedaba en el punto de mira del segundo cazador, el cual le acertaba la pedrada en el entrecejo. Os preguntaréis cómo se las arreglaron los hombres para saber en qué lado se escondía el mamú cuando desaparecía de la vista de los cazadores: de ello se encargó la Selección Natural: aquellas parejas en las que el segundo cazador se colocaba en el lado al que se desplazaba el mamú subsistieron, mientras que los clanes en los que el segundo cazador iba al otro lado perecieron por hambre. De hecho, yo diría que actualmente esta es la hipótesis más comúnmente aceptada para explicar la extinción de los neandertales y la pervivencia de los sapiens.

Y así es como concluyó ese ciclo espada-escudo, puesto que los mamuses se extinguieron y no tuvieron tiempo de desarrollar ningún sistema defensivo que neutralizara esta última hazaña de la humanidad. Con lo cual puede decirse que la última táctica ofensiva fosilizó y pasó a convertirse en una rémora sin sentido. Un vestigio de aquel arcaico avance evolutivo, actualmente inútil, son las parejas de la guardia civil.

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