Esta reseña ya tiene sus añitos: es de diciembre de 2002, cuando la novela acababa de salir al mercado. La he rescatado, sí. Así la releo y me avergüenzo un poco de mí mismo. Resulta que a estas alturas incluso se ha hecho una versión cinematográfica o se está haciendo. Está prevista para el año que viene. Habrá que verla, o qué. Dirige Michele Civetta, que no sé quién es.
la rebelión será fruto de la locura o no será. coin locker babies de ryu murakami es ni más ni menos que una novela de aventuras, bastante chula, por cierto, aunque el final me deja un poco así: pues vale. pero es que son cuatrocientas páginas. la edición en inglés se deja leer bastante bien, es un lenguaje sencillo y, lo dicho, muy narrativo.
¡una novela de aventuras! exceptuando las trepidantes entregas de los hollister, aquí en europa la dábamos por muerta y pensamos que las mayores aventuras son las aventuras de un ser vulgar. lo mejor que se ha escrito por aquí últimamente, si exceptuamos los ensayos de savater alias “el ortega y gasset del sXXI, el filósofo español que mejor explica el mundo mundial y la lacra terrorista desde su humanismo decadente, lameculos y subvencionado” son las partículas elementales y american psycho con sus despiadados protagonistas varones blancos triunfadores y profundamente desquiciados que son la metáfora de nuestra sociedad occidental triunfante y desquiciada. claro, donde hay patrón no manda marinero y, en realidad, europa está llena de desquiciados de a pie como yo mismo, carne de cañón de nuestra cultura conectados a internet. véase matrix. y, puestos a ver, el odio.
los chicos de la consigna son desquiciados de a pie y no son una metáfora de la sociedad que nos envuelve porque estamos hablando de una novela de aventuras. el logro de esta novela es que todo aquello que houllenbeq y compañía buscan en el hueco interior de sus protagonistas se convierte en un escenario lógico: la famosa jungla de hormigón, el concrete jungle. concrete, concrete, por todas partes.
grandes señales había (el día que tú naciste, vida mía) los chicos de la consigna están desquiciados porque les abandonaron en la consigna de la estación y fueron descubiertos para seguir viviendo como moisés en la barquilla o cualquier otro héroe predestinado a seguir su camino. grandes señales había y locos babosos nos trajeron la buena nueva mientras nos sorbían nuestro predestinado glande. queremos creer que estamos predestinados y nos tomaremos como señales divinas las palabras de una chiflada farfullante. interpretaciones místicas, supersticiones cotidianas que dan sentido al universo: pensar que el Destino nos manda señales es un rasgo de sicótico que compartimos muchos en un momento de debilidad y la radio nos manda canciones de amor a nosotros precisamente a nosotros porque la sicosis es comercialmente rentable. a todos nos hablan voces. la vida está plagada de acontecimientos cruciales para quien quiera encontrarle trascendencia a su persona en un mundo repletito de hombres y mujeres y cosas. la vida nos marca y el papel de los dioses trazando nuestro destino lo hacen profesionales de la manipulación de personas y mentes.
y, claro, qué es una aventura más que buscar nuestro destino. nuestro destino no está en los genes, nuestro destino no está en las estrellas. nos imprimieron nuestro destino al abandonarnos en la consigna, en el orfanato, en el manicomio, al cruzar por nuestra vida, con cada golpe y cada experiencia se traza nuestro destino. el héroe es aquel que se enfrenta a su destino. los personajes de la novela europea bucean en su propia subjetividad o les pasan chorradas. los chicos de la consigna comparten la búsqueda interior con el mundo de ahí fuera, el que les moldea pero que es para el autor paisaje y no búsqueda. así podemos contemplar los distintos paisajes de lo posible puesto que la búsqueda se realiza también en el espacio. el espacio es dos. por una parte los escenarios de moldeamiento de mentes basados en el esquema dentro-fuera público-secreto abierto-cerrado prohibido-permitido. desde las consignas pasamos a orfanatos, hospitales, casas, pueblos, la gran ciudad, el gueto, prisiones, islas y el mar nuestro subconsciente, el ataúd, hoteles-jaulas hasta que acabamos descubriendo que vivimos en cuarto grado, que no hemos salido de la cajita de metal con llave y no hemos aprado de golpearnos contra sus paredes. que somos todos huérfanos y desquiciados chicos de la consigna o espectadores muertos.
hay que mataros a todos.

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