miércoles, 23 de mayo de 2007

Seeräuber-Ballade / Balada de los piratas



Ebrios de aguardiente y oscuridades; remojados en líquidos sin nombre; desgarrados por la noche blanca de escarcha; pálidos de otear en la vigía. Quemados por el sol, desnudos y enfermos, que ya lo hubieran querido en invierno. Del hambre, la fiebre y el hedor cantaban los que quedaban:
Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

No había trigal mecido por la brisa que les retuviera, ni tascas con música ni bailes, ni mozas, ni absenta ni una timba. Antes de que estallara ya estaban hartos de la bronca, antes de medianoche de las mozas. Sólo amaban unas planchas podridas: su barco, que no tiene hogar.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

Con sus ratas, sus boquetes, con su peste, de la cabeza a los pies. Lo maldecían brutalmente jarra en mano y lo amaban tal y como era. Con sus cabellos se anudan a los palos en la tormenta y navegarían hasta el mismísimo cielo si allá pudieran ir los barcos.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

Asesinan fríamente y sin odio cuanto cae entre sus manos. Ahorcan y estrangulan tan tranquilos como quien anuda una maroma a la arboladura. Beben cazalla en los velatorios, a la noche se precipitan borrachos al mar y los que quedan ríen y saludan con el meñique.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

Llevan sus barrigas a los barcos ajenos a zampar como quien va a su casa. Las plantan en plácido olvido sobre mujeres que no conocen. Su vida es hermosa como la de los nobles brutos, en el viento suave, el azul embriagador. Y muchas veces siete toros montan a una mujer que no conocen, que robaron.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

Pero una noche de abril sin estrellas para ellos, de pronto, el mar, en silencio, se harta también de ellos. Aún sienten con cuánta piedad vela el viento con ellos por hoy. Entonces les toma el mar en brazos y los mata antes de medianoche.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.

La última ola arroja hacia el cielo una vez más el barco maldito. Entonces, con la última claridad, pueden ver el arrecife y, finalmente, en el mástil más alto, ¿o fue porque la tormenta rugía tanto? Que parecía que mientras se precipitaban al infierno volvían a cantar, más alto que nunca.

Oh, cielo, resplandeciente Azul, viento enorme, hincha la vela. Deja partir viento y cielo pero, por el amor de la Virgen, déjanos la mar.


Ya sé que la traducción no es rimada y que no le hace justicia al original ni de lejos. Tampoco lo he intentado, se me da mal traducir poesía. En la universidad escribí un trabajillo comparando esta balada de Brecht con la canción del pirata de Espronceda; el otro día anduve pensando en ella. Es una canción preciosa que cuenta cosas terribles de personas libres. Cómo echo de menos ponerla a todo volumen, pero la tengo en embalada en vinilo, igual que ese trabajo andará por alguna parte. Cuenta las mismas barbaridades que Koestler al escribir sobre la revuelta de Espartaco: cómo se mezclan lo sublime y lo brutal cuando se desatan los hombres (aunque a Koestler le preocupa la cuestión del liderazgo y la organización revolucionaria, los medios y los fines. Pienso que Brecht trata simplemente de reconocer la belleza del mito del pirata como hombre libre pero sin darle ninguna otra concesión que el mero reconocimiento de esa belleza). Viendo una vez Apocalypse Now me dio una enorme punzada de nostalgia cuando el protagonista salta de la barcaza con sus botas sobre el barro, como cuando yo mismo iba en manada calzando botas de paracaidista. Ahora todo eso está perdido porque me hice mayor y me queda la contemplación contradictoria de la belleza de las fieras sin ser ya una de ellas. Tampoco fui nunca tan malote ni tan feroz, eh. Y ya sé que Jack London tenía razón y que los lobos que hace un momento marchaban juntos devorarán sin piedad al que caiga en el barro. London se suicidó después de que sus supuestos amigos le gorronearan hasta el fin en la casa de hospitalidad que construyó.

Vae victis!


Von Branntwein toll und Finsternissen
Von unerhörten Güssen naß
Vom Frost eisweißer Nacht zerrissen
Im Mastkorb, von Gesichtern blaß
Von Sonne nackt gebrannt und krank
Die hatten sie im Winter lieb
Aus Hunger, Fieber und Gestank
Sang alles, was noch übrigblieb

0h Himmel, strahlender Azur
Enormer Wind, die Segel bläh
Laßt Wind und Himmel fahren nur
Laßt uns um Sankt Marie die See

Kein Weizenfeld mit milden Winden
Selbst keine Schenke mit Musik
Kein Tanz mit Weibern und Absinthen
Kein Kartenspiel hielt sie zurück
Sie hatten vor dem Knall das Zanken
Vor Mitternacht die Weiber satt
Sie lieben nur verfaulte Planken
Ihr Schiff, das keine Heimat hat

0h Himmel, strahlender Azur...

Mit seinen Ratten, seinen Löchern
Mit seiner Pest, mit Haut und Haar
Sie fluchten wüst darauf beim Bechern
Und liebten es, so wie es war
Sie knoten sich mit ihren Haaren
Im Sturm in seinem Mastwerk fest
Sie würden nur zum Himmel fahren
Wenn man dort Schiffe fahren läßt

0h Himmel, strahlender Azur...

Sie morden kalt und ohne Hassen
Was ihnen in die Zähne springt
Sie würgen Gurgeln so gelassen
Wie man ein Tau ins Mastwerk schlingt
Sie trinken Sprit bei Leichenwachen
Nachts torkeln trunken sie in See
Und die, die übrigbleiben, lachen
Und winken mit der kleinen Zeh

0h Himmel, strahlender Azur...

Sie tragen ihren Bauch zum Fressen
Auf fremde Schiffe wie nach Haus
Und strecken selig im Vergessen
Ihn auf die fremden Frauen aus
Sie leben schön wie noble Tiere
Im weichen Wind, im trunknen Blau
Und oft besteigen sieben Stiere
Eine geraubte fremde Frau

0h Himmel, strahlender Azur...

Doch eines Abends im Aprile
Der keine Sterne für sie hat
Hat sie das Meer in aller Stille
Auf einmal plötzlich selber satt
Sie merken noch, wie voll Erbarmen
Der Wind mit ihnen heute wacht
Dann nimmt das Meer sie in die Arme
Und tötet sie vor Mitternacht

0h Himmel, strahlender Azur...

Noch einmal schmeißt die letzte Welle
Zum Himmel das verfluchte Schiff
Und da, in ihrer letzten Helle
Erkennen sie das große Riff
Und ganz zuletzt in höchsten Masten
War es, weil Sturm so gar laut schrie
Als ob sie, die zur Hölle rasten
Noch einmal sangen, laut wie nie

0h Himmel, strahlender Azur
Enormer Wind, die Segel bläh
Laßt Wind und Himmel fahren nur
Laßt uns um Sankt Marie die See

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