Por fin he entendido lo que se siente en los eternos días de verano escandinavo, en los que no hay noche y los ciclos de sueño se van al pedo; como en la película del actor famoso ese que va a Alaska a cazar a un asesino en serie y se pega los cuatro días de empalmada. Hoy me han dado las seis de la mañana leyendo, así que he decicido aprovechar la fresca para darme una vuelta en bici. Así, con ese ánimo mediosonado de "como para cazar psicópatas estoy yo" me he dado cuenta de que se acerca la noche más corta del año, aunque algo tendrá que ver que llevo desde que entregué el último libro con el ciclo de sueño trastocado.
El trabajo mata.
Lo de la foto es un nogal:

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