Iba por la calle, volviendo de encontrarme la biblioteca cerrada y pelado de frío, cuando, como pasa siempre que se va con algo de prisa y todo el mundo parece estorbarte, delante mío, en una acera estrecha, caminaban dos madres con carritos, chiquillos etcétera. Con mucha vivacidad, una madre ha apartado de su trayectoria a su hija (que llevaba un carrito con una muñeca), puesto que estaba a punto de pisar una caca de perro. Le ha dicho "no pises esa mierda, qué asco que me das". Y luego pretendemos que la gente sea cuerda.
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