martes, 7 de octubre de 2008

El día en que Lautaro mató a Franco

Como en una cadena de esas que si se rompen ocurren maldiciones, y aunque tolero muy mal el feísmo del vídeo, -bastante me costó ya en su momento cogerle el tranquillo a los hermanos Coen- respondo el desafío implícito lanzado al aire por un amante del kitsch popular.




INÉDITO DE EL ÚLTIMO HOMBRE

Valdivia tiene más hombres, más caballos
y árboles que escupen fuego y sangre:
ante la bestia de Valdivia el indio
tiene sangre de hembra.
Valdivia tiene dioses para los que no cuenta
nada la sangre del hombre,
dioses como árboles sin savia
que llevan colgando de su cuello:
pero era la noche de Lautaro.
Y en la noche de Lautaro tras el árbol hay perros
y en la luna ilumina el camino a los lobos.
Entra el hombre barbado, el español a saco
en nuestras casas y muestra su verga a las mujeres:
pero en la selva se pierde, en el laberinto
oscuro de Eldorado.
Hacen pues un camino con la sangre
entre los más oscuros árboles:
y que el hombre ahí se pierda;
porque era la noche de Lautaro.
En la noche de Lautaro el dios castellano
es menos que una víbora, y su cuerpo
es un pálido dibujo en la nieve.
Allá donde te dije que estaba Eldorado
está un artífice para labrar tu muerte.
En el tobillo desnudo están
las joyas que preguntas:
búscalas en la noche de Lautaro.


Leopoldo María Panero, de Contra España y otros poemas no de amor (1990)

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